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Una dosis de cafeína para la economía

July 25th, 2021 08:55 AM

A primera vista, el anuncio sobre la muy probable llegada de una nueva masa de aire polar sobre el sur y el centro de Brasil, prevista para esta semana por los servicios meteorológicos, no debería importarles más que a los habitantes de las áreas que pueden ser afectadas por el frío extremo. Sin embargo, en el casco urbano y la zona rural de Pitalito personas como Alejandro Ortiz dicen que van a estar pendientes de lo que marquen los termómetros en la nación más grande de Suramérica.

La razón es que este agricultor, con más de 30 años de trabajar la tierra, habita en el municipio huilense que ocupa el primer lugar en la producción de café en Colombia.
Como presidente de la empresa asociativa Riberas del Magdalena, cuyos integrantes son medio centenar de familias cultivadoras del grano, sabe que su futuro en el corto y mediano plazo estará determinado por lo que pase en el país vecino. No es el único. Tan solo en el territorio nacional medio millón de hogares dedicados a la caficultura han visto subir sus ingresos a lo largo de 2021, gracias a un aumento notorio en los precios internacionales.

Y esa tendencia, relacionada con la reactivación del consumo mundial y una fuerte sequía que a finales del año pasado acabaría impactando la cosecha brasileña en los meses siguientes, se aceleró en día pasados como consecuencia de las geadas –heladas– que afectaron a estados como Minas Gerais. Aunque todavía es temprano para evaluar los daños, la primera impresión de los especialistas es que fueron grandes y podrían ampliarse.

En el escenario menos alarmante, la afectación se daría sobre la zafra del 2022. Pero hay quienes creen –sobre todo si las temperaturas vuelven a caer por debajo de los cero grados en la madrugada del 29 o 30 de julio– que miles de hectáreas de cafetos tendrían que ser remplazadas, con lo cual se presentaría un fuerte y largo desequilibrio entre oferta y demanda global, justo cuando los inventarios del grano son relativamente modestos. Pero antes de entrar en escenarios hipotéticos, los agricultores se atienen a lo que ven. La semana pasada la carga de café pergamino llegó a un nuevo máximo, en términos nominales, al tasarse en 1,79 millones de pesos, más del doble que un par de años atrás.

Dicho valor resulta de la combinación de una libra que en el mercado de Nueva York se ubicó en 1,9 dólares –más 50 centavos de prima para la categoría de ‘otros suaves’ en la que está Colombia– junto con una tasa de cambio cercana a los 3.870 pesos por cada billete verde.

Plata en el bolsillo

Alejandro Ortiz tiene los números en la cabeza.Como propietario de cinco hectáreas en los corregimientos Charguayaco y Chillurco de Pitalito vio mejorar su situación durante el primer semestre, al igual que la de sus compañeros, y aspira a colocar en mejores condiciones el grano que va a recoger en estos meses. “Voy a poder arreglar la finca y la casa, además de comprar algunas cosas que nos hacen falta”, señala. “Después de que hubo una época en la que no alcanzábamos ni siquiera a cubrir los costos, este respiro es muy bienvenido”, agrega.

El efecto combinado de la nueva realidad acabará sintiéndose sobre la marcha de la economía, pues un grupo sustancial de la población verá mejorada su capacidad de demandar bienes y servicios. De seguir las cosas así, el valor anual de la cosecha cafetera –que oscilaría entre 13,5 y 14 millones de sacos de café verde– estaría por encima de los 10 billones de pesos, otro récord histórico.

Para Roberto Vélez, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, las circunstancias son favorables. “Esta coyuntura nos encuentra bien parqueados”, anota. El motivo va más allá de las cotizaciones internacionales. Tras un proceso de renovación intenso, la edad promedio de los cafetales apenas supera los seis años, con lo cual la productividad por hectárea ha venido creciendo hasta acercarse a 20 sacos anuales.

Con pequeñas oscilaciones el país va a completar seis años con cosechas alrededor de los 14 millones de sacos, lo cual le da estabilidad al sector, tanto interna como en relación con los compradores externos. Adicionalmente, se sigue haciendo la tarea en materia de calidad, lo cual se nota con los cafés de origen y especiales, cuyo valor supera con creces el de la bolsa. Si bien los dirigentes del gremio siguen con atención los acontecimientos, prefieren no hablar de una bonanza. “Atravesamos por un buen momento que puede ser más o menos prolongado y que muestra que el cambio climático está presente”, subraya Vélez, quien insiste en que los cultivadores deben ser cuidadosos a la hora de administrar los ingresos extraordinarios que reciben.

La admonición está relacionada con el hecho de que el alza observada se les transmite directamente a los campesinos, algo que no deja de causar escozor en quienes creen que sería bueno guardar una suma importante para cuando llegue la época de las vacas flacas. “Por primera vez los mejores precios quedarán solo en manos de los productores”, insiste la cabeza de Fedecafé.

Aunque es imposible afirmar a ciencia cierta cuánto durará el ciclo actual, propios y extraños coinciden en que no será flor de un día. La probabilidad de que haya un exceso de oferta en el ámbito mundial es muy baja para los próximos meses y todo apunta a que el año que viene Brasil ofrecerá entre tres y cinco millones de sacos menos de lo que se calculaba unos meses atrás.

Por ese motivo, la normalización de los despachos tendría lugar “si acaso en 2023”, según Vélez. El motivo es que esta vez pesan mucho más los elementos estructurales que los especulativos. Semejante panorama se combina con lo que se observa con otros bienes primarios que componen la canasta exportadora colombiana. Aparte de que el petróleo volvió a los 74 dólares por barril tras un corto descenso, el carbón térmico sigue en la estratosfera, pues la variedad australiana se encuentra en 150 dólares por tonelada.

Es de esperar que el efecto conjunto de estos factores se traduzca en una tasa de crecimiento más elevada, al igual que en mayores inversiones y más recaudos de impuestos. No menos importante es que la balanza comercial del país, que muestra un saldo en rojo abultado, debería ser menos deficitaria en la segunda parte del año. Retos que surgenEn medio de un horizonte positivo en el plano económico y de calidad de vida de los cafeteros, aparecen también los desafíos.


Un desajuste repentino entre suministros y demanda previsible, que se expresó en saltos súbitos en los precios internacionales durante un puñado de jornadas, comienza a tener repercusiones. Desde el punto de vista de los consumidores, los reajustes que se venían anunciando desde comienzos de junio ahora serán más fuertes. Millones de bebedores de café en el mundo entero notarán que la taza de siempre ahora cuesta más, algo que a la larga no es bueno si el incremento es demasiado pronunciado. Tarde o temprano, y dependiendo de cuánto le duela al bolsillo de cada quién, habrá aquellos que se inclinen por otras infusiones. En un escenario extremo, el consumo podría mostrar una pendiente menos inclinada, lo cual se traduciría en dolores de cabeza en el largo plazo.

Pero de manera inmediata, la gran preocupación es otra y está relacionada con la capacidad de quienes firmaron contratos de ventas futuras a la hora de cumplir sus obligaciones. No faltará el comercializador de otras latitudes que se vea obligado a asumir pérdidas, en caso de no haberse cubierto como es debido. Más compleja aún es la situación que se puede presentar a escala nacional. En los diferentes eslabones de la cadena opera el mismo mecanismo de garantizar despachos a valores determinados en una fecha próxima.

El problema es que, cuando el precio aumenta en forma tan rápida, se abre la opción de que alguien se sienta tentado a incumplir el acuerdo de entregar un número de cargas a un valor pactado antes de este repunte, con el fin de ganarse la diferencia. Decir que la cosecha acabó siendo más pequeña y pedirle a un vecino que no haya asumido ninguna obligación, es fácil.

Varios dirigentes están en ese juego de convencer caficultores, a pesar de las dificultades que pueda crear. Si, para poner un ejemplo, una cooperativa ha firmado un contrato con un tostador y debe entregar una cantidad determinada de grano en una fecha específica, deberá buscarlo como sea y asumir la diferencia, con el riesgo de entrar en dificultades financieras. Ello explica la insistencia de gerente de la Federación en un trino reciente: “Espero que los cafeteros no olvidemos que existen unos compromisos de ventas a futuro que tenemos que honrar”.

A la luz del riesgo surgido, no es exagerado afirmar que en medio de los precios más altos también hay más ceños fruncidos que antes en los diferentes niveles de compradores. Tampoco es despreciable el nubarrón que se cierne sobre los cafés especiales, cuyo proceso de cultivo y cosecha es más exigente. El experto Guillermo Trujillo sostiene que “ante el atractivo de un mayor ingreso, se van al suelo los programas diseñados, algo que ya ha sucedido”. Puesto de otra manera, dado el aliciente de una rentabilidad inmediata alta, el incentivo de una recompensa más adelante disminuye.

“Mi preocupación es que se acabe descuidando la calidad”, opina el caficultor Alejandro Ortiz. Lo anterior implica que tanto las autoridades como la dirigencia cafetera están obligadas a seguir de cerca la situación, con el fin de evitar complicaciones. Si bien es cierto que desde la bonanza de 1977 han tenido lugar periodos de cotizaciones elevadas que se manejaron relativamente bien, hay condiciones particulares en la presente ocasión que ameritan hacer uso de la experiencia y entender que el mundo de ahora es distinto al de antes.

Uno de los elementos nuevos en la ecuación es la revolución en las telecomunicaciones que permite que cualquier caficultor, sin importar en donde se encuentre, siga en tiempo real lo que pase con el clima en Brasil o las reacciones de la bolsa. No obstante, esa ventana abierta gracias a la telefonía móvil también permite la difusión de noticias falsas o la promoción de malas prácticas que deben evitarse o contrarrestarse a toda costa.

Ahora que el país se apresta a la temporada electoral, sería de esperar que lo que le pase al café no acabe politizándose ni, mucho menos, siendo motivo de polarización. Vale la pena recordar que, así como hay buenos años, hacia adelante vendrán periodos difíciles –como sucede con los productos básicos– que serán menos fáciles de transitar si no hay unidad de principios. Por lo tanto, el objetivo debe ser preservar una caficultura competitiva y moderna, tanto por su importancia económica como por el bienestar que irriga a los 604 municipios de Colombia en donde hay cultivos.

Quedan muchas tareas por hacer, pero si alguna lección se puede sacar por ahora es que el país está cosechando las buenas decisiones adoptadas en la década pasada, cuando había tantos nubarrones en el horizonte. Justo cuando lo peor de la pandemia empieza a quedar atrás, resulta reconfortante constatar que el grano que nos ha hecho conocidos en el mundo entero ayudará a que salgamos más rápido de la peor crisis reciente, ocasionada por el covid-19.

Como remedio para el duro letargo, bienvenida sea esa dosis de cafeína.

 FUENTE: EL TIEMPO